sábado, 19 de mayo de 2007

El escondite perfecto

Y te pegan el susto. Y te dicen que de salud tienes tal o cual cosa que está muy mal, o que lo tiene mamá o que lo tiene papá, y que tus días se apagan y que lo sienten, lo sienten...Pero tú en ese momento no lloras porque no fuiste a la consulta a llorar, sino a decirle al médico que nada tienes que ver con la gente que cae en desgracia, porque estos siempre suelen ser vecinos o personas que no conoces de nada. Pero te lo callas, asientes a todo y te vas. Entonces desconectas y le dejas a un trocito del cerebro hacer lo consuetudinario: coger el autobús, decir mil holas a conocidos que encuentras por el camino y llegar a casa, por ejemplo, cosas de lo mas normal, mientras el trocito más grande lo utilizas para repasar y repasar…Una vez en casa, lloras, ahora sí, "pobre de mí, pobre papá o pobre mamá", lo que toque llorar, y buscas un sitio donde esconderte, pues te encuentras nerviosa y asustada como cuando eras una niña pequeña, y al de un rato te tiras abatida sobre la cama donde te medio arropas y por fin duermes, y sin darte cuenta el escondite perfecto has conseguido encontrar.

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