viernes, 25 de mayo de 2007

¿Y ahora, qué!

Dice Patricia que ya no tiene madre y dice también que ya no tiene padre, pues los que tuvo hasta hace tan sólo un par de meses han decidido separarse y le han dicho que ella fue una niña que cogieron en adopción. Y ahora se encuentra buscando a sus verdaderos padres haciendo preguntas sobre ellos por doquier sobre “quién sabe qué y sobre el cómo pasó”, mientras huye a su vez de jarrones, vasos, tazas y todo aquello que vuela por su casa con aire ofensivo pues no vaya a ser que sea ella y no otro quien se lleve el hostión. Se levanta y se marcha de casa a las seis, y no a las ocho como lo hacía antes, y regresa de nuevo a las once, y no a las diez, porque así se ha dado cuenta de que tiene más tiempo para desaparecer. Y justo antes de entrar en casa arrima bien arrimada su oreja a la puerta de la entrada por si acaso ex papá y mamá andan a gritos o haciéndose puntería de nuevo entre ellos lanzándose el uno al otro cacharros de cocina a la cara o vete tú a saber. Luego –y sólo si hay tregua- abre la puerta y se dirige a todo correr a su cuarto, se pone el pijama y se mete en la cama. Enseguida se da cuenta de que su ex mamá se ha dado cuenta de que ella le ha robado su foto de boda, donde sale abrazada con el que es todavía su marido, y que duerme todos los días con ella poniéndola bajo la almohada, pues recuerda que ayer no la encontraba por ningún sitio y hoy está limpia y reluciente justo encima de su mesita. “Por mí como si me la quiere quitar – piensa rabiosa-, puf, ya ves…” Pero a pesar de que se ha metido en la cama a las once, el raca-raca de su cabeza no le ha dejado dormirse hasta las tres. Patricia se siente confundida, y le gustaría escaparse de casa e irse a vivir a cualquier otro sitio, donde sea, no sé, y se pregunta qué diría Brad Pit si se presentara en la mansión que tiene en los Ángeles y le pediría casarse con ella, pues lleva besando una foto suya que tiene pegada en la carpeta de clase desde que tenía catorce años y ahora tiene dieciséis ¡y si eso no es querer...! Pero enseguida se siente tonta por tener una idea tan pueril y se dice: “venga, vá, céntrate.”…Hace un par de semanas sonó mi teléfono y era ella, y me dijo que quería alquilarme uno de los cuartos que tengo en una casa de alquiler, “porque es que me pasa esto y lo otro –dijo-, y puf, tío, ya ves…”, y me comentó también que ya tenía los doscientos euros para pagar lo de este mes y que lo del mes que viene dios dirá. Yo le recordé que tan sólo tenía dieciséis años de edad y que venirse a vivir a mi casa en esas circunstancias sería del todo ilegal. Que lo sentía. “¡Ah -dice-, ah...!” Pregunta en asuntos sociales de Erandio, la respondo más tarde, porque es allí donde se encargan de los temas de adopción e igual encuentras a alguien que te ayude a buscar a tus verdaderos padres. “¡Ah – dice- ah…Gracias, eh! Cuando colgué el teléfono, anoté su número para seguramente llamarla en un futuro y me quedé pensando en ella, en su historia, en su trémulo timbre de voz cuando me la contó, e intenté vaticinar en silencio como si fuera una gitana de feria cuál iba a ser su porvenir. Y la imaginé yendo y viniendo de y hacia todos lados mientras preguntaba sobre la vida de sus padres intentando averiguar “quién sabe qué y el cómo pasó”, y así un día tras otro hasta que seguramente dentro de un par de meses lo deje de hacer porque no ha conseguido apenas nada de información. Y en el futuro, yo no sé si los cacharros de su casa dejarán o no de volar y de estrellarse contra las paredes alguna vez, pero lo que si sé, es que le han jodido la vida a una pobre chiquilla adolescente que se preguntará llorando durante mucho tiempo así misma: ¿y ahora, qué!
“Cuando no puedas más, haz un ultimo intento y espera que el viento sople a favor...” Canción de Bumburi.

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