martes, 12 de junio de 2007

A propósito de consejos...

A veces ocurre que un pequeño problemilla que comenzó la semana pasada, ahora se ha convertido en una bola de nieve grande y no sabes muy bien a qué amigo o familiar acudir, porque con tanto interés malintencionado que a veces suele haber detrás de un consejo dado te resulta difícil saber quién te lo dará mirando tan sólo por tu bien. Si tu problema, por ejemplo, consiste en que estás angustiado porque tu relación de pareja no va bien, todo aquel amigo o pariente recién separado y, por ende, amargado, te animará seguramente a tomar el mismo camino que él. Por el contrario, si le pides consejo a personas que tienen aventuras placenteras o que se encuentra maritalmente felices, su recomendación será bien distinta, y te animarán a que hagas una cena de reconciliación romántica, le compres a tu pareja un regalo sorpresa o que os toméis unas vacaciones bonitas que os ayude a retomar vuestra relación. En el plano laboral, un disgusto fuerte que tengas en el trabajo de nada te servirá comentarlo, por ejemplo, con quien esté más quemado que tú porque trabaja más horas que un reloj, porque enseguida se pondrá con los ojos en blanco a despotricar a tus jefes diciendo que todo está mal y que él también se quiere marchar. ¿Y quién a dicho algo de marcharse?, te preguntarás después de que termine de hablar. Aunque, lógicamente, tampoco es cuestión de ir a deshidratarse llorando junto al pelota del jefe, don Lametón, porque ése a la hora de darte una buena sugerencia, como que no. Y como cada uno habla de la feria según se lo ha pasado, es a ti a quién le toca averiguar si la persona a la que acudes es la idónea para tu consejo o no, pues de no ser así, podrías acabar proyectando rabias y odios que otros tienen en sus cabezas hacia tu vida y repetir los mismos errores pasados que cometieron ellos.

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