martes, 5 de junio de 2007

Los fantasmas de hoy en día

No sé cual es la extraña cualidad que hace que la gente de una misma ocupación se reconozcan entre sí casi sin mediar palabra. El médico, el abogado, el periodista… se dicen: " Éste seguro que tiene el mismo oficio que el mío." Yo hace años que no trabajo y que estoy enfermo, pero de igual manera que ellos tengo un diapasón para afinar mi sexto sentido y saber con certeza quién sí y quién no es como yo. Y no se me escapan las ojeras de la gente que intenta disimular con cosméticos y anteojeras noches de fiebre y de dolor. Ni las miradas perdidas de aquellos cuyas pruebas médicas no salieron bien y de camino desde la consulta hacia sus casas muestran preocupación. Ni las caras sonrientes de aquellos que intentan pagar con extrema afabilidad la gratitud que sienten hacia su cuidador. Ni la gorra de béisbol del veinteañero pelón, que recibe quimio, y aguanta dos segundos tu mirada, pues aunque todos están a su bola y creen que es su moda, con tu gesto le dices: lo siento, tú estás peor que yo. Y la de tantos otros que están disfrazados de sanos, pues fantasmas son, y que lo hacen para evitar el "pobre este chico, que pena". Pues no batallas con la parca a diario para que gente insensible que jamás vieron las orejas al lobo, en vez de ayuda, te den compasión. Una de cada veinte personas está enferma, lo que significa que en un vagón de autobús o de metro debería haber dos. En tu camino hacia donde sea, ¿a cuántos has visto hoy?

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