lunes, 2 de julio de 2007

Fruta pohibida

A estas alturas, quién no ha tenido a través de Internet una conversación erótica subidita de tono con alguna persona desconocida que ha conocido en un chat o que ha aparecido en la red de la nada, plaf, sin más. Y donde ambos se han escrito lo que en sus carnes sentían o en sus cuerpos se harían si estarían cerca el uno del otro. La fantasía erógena es algo bueno, según dicen los expertos, incluso para la gente que ya está comprometida con parejas estables: desinhibe, experimentas, ayuda a la creatividad sexual, etc. Pero dentro de una cierta armonía y donde no todo vale, claro, y menos mentir. Pues te puedes encontrar que Laura, que es con quien te lo has pasado durante media hora genial, en realidad se llame Pedro y te diga que se va a trabajar al bar y que gracias por todo, adiós. O que Alberto, si eres una chica, te dice al final: "Llámame mejor Alicia, cielo. Gracias." Y no es que luego se te quede cara de tonto, es que no sabes cómo interpretarlo o como actuar, pues tienes claro que eres hetero o gay o lo que sea que seas, pero aquello que has sentido durante ese tiempo que te han estado engañado ahí está y ¡qué narices! que te ha hecho disfrutar. Por lo que te empiezas a preguntar, si en realidad en todo esto del sexo no será que puede más lo sugestivo, lo idealizado, lo fantaseado o lo prohibido que lo que entra por los ojos que es lo que suele pasar.

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