jueves, 19 de julio de 2007

No es lo mismo

Quizá de entre todas las cosas que influyen sobre el curso de nuestras vidas, no exista nada tan veleidoso e incontrolable como La Suerte, que nos maneja sin escrúpulos a todos nosotros, diciendo: a éste sí, a éste no, a éste le hago feliz y a este otro un pobre desgraciado “per sécula seculórum” (para siempre jamás). Pero no me preocupa entender como funciona La Suerte, estudiada por Aristóteles durante toda su vida y que ni la medio entendió, sino el comportamiento tan extraño que tenemos ante ella y que a veces resulta sumamente cruel: pues, si viene de cara y todo va bien, lógicamente, no hay ningún problema, pero cuando viene de espalda y nos acechan las desgracias, nos alivia, y mucho, saber que otras personas, además de nosotros, están angustiadas atravesando la misma preocupación: No es lo mismo, por ejemplo, que te despidan a ti solo del trabajo a que se cierre tu empresa y que todos sus empleados se vayan a la calle contigo, ya que te verás más comprendido. No es lo mismo que se te queme la casa a que una inundación se llevé todas las viviendas de la barriada donde vives. No es lo mismo morir solo en una habitación de un hospital que hacerlo junto a otro moribundo que te han puesto de compañero de cuarto. Y ese deseo tan cruel de querer que otros tengan las mismas desgracias para poder mitigar en parte las nuestras, es difícil de valorar. Ya que nada tiene que ver con ser una buena o mala persona, sino con el miedo que tenemos dentro y que busca una salida hacia el exterior. Por eso, no es lo mismo caer en desgracia, que caer en desgracia junto a los demás. No es lo mismo, no.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Los sentimientos compartidos duelen menos: los fracasos o dolores duelen la mitad y se viven de otro modo si estás compartiéndolos con alguien.
Las alegrías por el contrario se multiplican al vivirlas junto al amigo.
Compartir nos hace sentir cada suceso de modo muy diferente y hace que el miedo, la soledad, el dolor, cualquier terrible fantasma no nos angustien y podamos vivirlos de otro modo.
Gracias.
Escribana.

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