domingo, 29 de julio de 2007

Una foto vieja y medio rota

Una foto vieja y medio rota, escondida en un bolsillo del chaleco, al refugio de disparos enemigos, es aquella que tiene todo aquel soldado que lleva varios años luchando en una guerra. A la que se agarran con fuerza cuando se escuchan silbidos de tiros que pasan de cerca, y a la que hablan en voz baja las noches de guardia que se ven con flaqueza. Ya nadie les pide disciplina, tan sólo matar, a cuantos más mejor, para que todos puedan regresar a sus casas y encontrarse con aquellos que aparecen en sus fotos que guardan en blanco y negro, por el polvo de la guerra, y que les esperan con impaciencia. «Hoy como ayer, todo fue tranquilo, todos estamos bien.», escriben por las noches los soldados en sus cartas, mientras el sargento tacha con rabia de una pizarra el nombre de tres. Un día toman a la fuerza un poblado rebelde y otro, un puente estratégico. «Todo tranquilo, todos bien». Otros tres. Y después de años con bombas, de tiros lanzados y de recibidos también, consiguen los que salen vivos ver a sus seres queridos: El hijo más hombre, la mujer diferente, la madre ya muerta, tal vez, así quedó el futuro de aquella foto vieja que tanto les ayudó a vivir, y a matar para vivir. Y de camino hacia casa, miran con recelo hacia los lados por si aún son tiroteados. «Estoy de vuelta –se dicen-. Y ahora, todo va a ir bien».

1 comentario:

Anaís dijo...

Qué hermoso texto ¡te superas a ti mismo!
Me ha recordado a un poema del gran Miguel Hernández que te lo pongo en la charla para no hacer esto demasiado largo.
¡Sigue dejándonos gozar con tus escritos!
Besos alegres

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