lunes, 20 de agosto de 2007

Hoy llueve

Resacoso por las olas del pasado que nunca fueron mías y que ingenuamente quise domar, me encuentro solo, con miedo y perdido, mirando por la ventana al gato que acaba de pasar para que me diga: "mira, haz esto y lo otro y verás que bien te va". No seas cándido, me digo yo, hoy no, que tienes los nervios destrozados y como empieces, no pararás de llorar. Pero, va, y a quien le importa si lo hago, a mí y ¿a quién más?... Las siete, hora de levantarse. Café, tostadas, pastillas mil y vuelta a empezar. "De nada sirve quejarse, tuviste tu oportunidad.", me dice la voz que siempre me anda jodiendo al oído, dándole vueltas a todo. Y yo, que no soy de discutir, la escucho y callo, sin más... Hoy llueve, los pájaros cantan escondidos, supongo, o no cantan, supongo, o supongo que no lo sé, pero se nota su música a faltar, la que me alegra las mañanas cuando estoy triste. Pero intento animarme y pienso en aquél que está peor que yo, "que miserable soy pensando en ello", me digo, pero lo hago y me sirve de alivio. Y pienso en otras cosas y sin venir a cuento me viene una cita en latín, que extraños somos: Auferat hora duos eadem, que la misma hora nos lleve a los dos, se decían los recién casados en la antigua Roma. Qué bonita frase. A veces ocurre y a veces no, pero cuando ocurre, es lo más en el amor... Dejo el pensamiento bonito y continúo con mi vida, y para matar el tiempo, escribo como lo hacía Cela, con mil ideas en un mismo párrafo, sin concierto ni armonía, pero de gran belleza. Y esto y lo otro y bla, bla, bla, pero sin olvidarme de que hoy llueve y por eso estoy triste... Enciendo la tele y veo las noticias mientras escribo. De madrugada las repiten como si fuera un maldito dejà vú, una y otra vez; verlas me hace sentirme Bogar en Casa Blanca: "Tócala otra vez, Sam". Y veo en ellas un coche accidentado con matrícula -SS 4444-, que tuvo cuatro muertos. Me quedo con cara de interrogante preguntándome dónde se metió la suerte esta mañana, si acaso se escondió con los pájaros o qué... El gato ya se ha ido, acabo de mirar por la ventana y ya no está. Quizá mañana le dé por hacer alguna señal, eso si sigue lloviendo y me da por mirar, porque si hace día de playa y el ánimo acompaña, no le haré ni caso, verás... Auferat hora duos eadem, que la misma hora nos lleve a los dos: Es lo más. El amor siempre quita las tristezas, con él nunca hay días de lluvia en los que lloras, o los hay pero las lágrimas son de felicidad...

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