Mañana por la mañana le confirman a mi hermana si tiene cáncer o no. Ella que siempre aparentó ser una mujer fuerte y autosuficiente, siente ahora la necesidad imperiosa de refugiarse en la familia mientras llora desconsolada en un hospital importándola una mierda que la vean o no. “La valentía no es un Don –dice entre hipidos-, ni yo soy la mujer de roble que aparento ser”. Junto a ella, se escuchan los estertores de su compañera de cuarto, una mujer octogenaria que lleva puesta continuamente una mascarilla de oxígeno y que al verla te resulta sumamente difícil intentar desinhibirte de la realidad. Y no sabes a que dios encomendarte, si a Jesús, a quién le rezó el enfermo de la 314 hasta que de repente murió, o quizá mejor a cualquier otro dios distinto de los más diez que ya debe de haber. Lo que si te queda claro es que la espera de un resultado de una prueba médica es una espera diferente a todas las demás, ríete de las dos horas que el domingo pasado aguardaste en la cola del cine, porque nada que ver. Supongo que mañana la visitará el médico a mi hermana, serio, de tanto decir a los pacientes: “Lo siento pero…” y leerá de su portafolios metálico el diagnóstico de si puede continuar con la vida que ha estado llevando hasta ahora o si la debe cambiar por otra de miedo, llanto... y enfermedad.
miércoles, 29 de agosto de 2007
lunes, 27 de agosto de 2007
Night clubs o 'Kilombos'
Prostíbulos hay en todos los países, no sólo en España, en el resto de países europeos y latinoamericanos, también. Por lo que me creo a pies juntillas que las mujeres extranjeras que se prostituyen aquí no vinieron a cortarse cuatro centímetros la falda para ejercer, ya que para eso se podían haber quedado en su país, sino que vinieron con una maleta llena de sueños que no se cumplieron y acabaron como acabaron. Me dice un tal Miguel, dueño de un Club, guiñándome un ojo pícaramente, que en su negocio todo lo tiene legal, documentos, chicas, “hasta procuro que en el baño haya siempre papel higiénico, ja, ja”. Y también me dice que a las chicas las cobra un treinta por ciento por cada servicio realizado en el cuarto y que se lleva un cincuenta por ciento en cada consumición que se toman con los clientes. Cada una tiene su historia: casadas con hijos que mantener, solteras con familiares enfermos, etc. Pero a pesar del problema que tengan, si superan la ‘arcada’ inicial de los tres primeros meses y se siguen quedando, es porque se han vuelto ambiciosas; pues su deuda contraída por el viaje que las trajo a España la pagan con el primer sueldo. “De cuatro mil a seis mil euros pueden sacar en un mes, con un poco más te compras una casa en Paraguay o Rumania –me explica-, de donde son. Ya no se lleva eso de tener chulos como antes, las protegemos nosotros mismos de los que se tomaron cuatro Gin-Tonics de más y se meten con ellas, y así se ahorran un pico de dinero por ello.” Me comenta también que las más listas se retiran en pocos años con ocho números en su cartilla, otras se lo funden todo en droga, en fin... “Lo que está claro es que esta experiencia las jode la vida a todas ellas y ya nunca más vuelven a ser las mujeres confiadas y dulces que fueron en su día, y esto es quizá lo peor.”, termina diciendo.
jueves, 23 de agosto de 2007
'Antes muerta que sencilla'
Los hombres, seguramente empujados por atender el gusto femenino, hace ya tiempo que le damos importancia a nuestro aspecto físico, cuidándonos con cremas hidratantes, yendo a gimnasios, soláriums, etc. Pero una cosa es acicalarse y hacer lo posible para estar más guapos y otra muy distinta es anteponer la belleza a cualquier molestia que se interponga para conseguirla. En las mujeres, la incomodidad o el dolor no son impedimentos para poder presumir, por ejemplo, de ésos zapatos preciosos que se compraron y que se calzan a veces a diario a pesar del daño que las hace y que las obliga a llegar cojas a casa, o el frío no es un impedimento para vestirse con un vestido excesivamente fino que las encanta y se lo ponen, aunque el termómetro marque doce grados, y si van por la calle y apenas ven por las lentillas de colores que, además de hacerlas unos ojos azules preciosos, también las causan dolor, no pasa nada. De la cirugía, ni hablamos. La belleza es un canon muy arraigado y exagerado en la mujer. Con toda seguridad, vendrán nuevas modas de estética o vestimenta en el futuro, pero nunca aceptará el hombre tener que ‘sufrir’ como algo que sea necesario para resultar ser más atractivo, pues no entra en su naturaleza.
lunes, 20 de agosto de 2007
Hoy llueve
Resacoso por las olas del pasado que nunca fueron mías y que ingenuamente quise domar, me encuentro solo, con miedo y perdido, mirando por la ventana al gato que acaba de pasar para que me diga: "mira, haz esto y lo otro y verás que bien te va". No seas cándido, me digo yo, hoy no, que tienes los nervios destrozados y como empieces, no pararás de llorar. Pero, va, y a quien le importa si lo hago, a mí y ¿a quién más?... Las siete, hora de levantarse. Café, tostadas, pastillas mil y vuelta a empezar. "De nada sirve quejarse, tuviste tu oportunidad.", me dice la voz que siempre me anda jodiendo al oído, dándole vueltas a todo. Y yo, que no soy de discutir, la escucho y callo, sin más... Hoy llueve, los pájaros cantan escondidos, supongo, o no cantan, supongo, o supongo que no lo sé, pero se nota su música a faltar, la que me alegra las mañanas cuando estoy triste. Pero intento animarme y pienso en aquél que está peor que yo, "que miserable soy pensando en ello", me digo, pero lo hago y me sirve de alivio. Y pienso en otras cosas y sin venir a cuento me viene una cita en latín, que extraños somos: Auferat hora duos eadem, que la misma hora nos lleve a los dos, se decían los recién casados en la antigua Roma. Qué bonita frase. A veces ocurre y a veces no, pero cuando ocurre, es lo más en el amor... Dejo el pensamiento bonito y continúo con mi vida, y para matar el tiempo, escribo como lo hacía Cela, con mil ideas en un mismo párrafo, sin concierto ni armonía, pero de gran belleza. Y esto y lo otro y bla, bla, bla, pero sin olvidarme de que hoy llueve y por eso estoy triste... Enciendo la tele y veo las noticias mientras escribo. De madrugada las repiten como si fuera un maldito dejà vú, una y otra vez; verlas me hace sentirme Bogar en Casa Blanca: "Tócala otra vez, Sam". Y veo en ellas un coche accidentado con matrícula -SS 4444-, que tuvo cuatro muertos. Me quedo con cara de interrogante preguntándome dónde se metió la suerte esta mañana, si acaso se escondió con los pájaros o qué... El gato ya se ha ido, acabo de mirar por la ventana y ya no está. Quizá mañana le dé por hacer alguna señal, eso si sigue lloviendo y me da por mirar, porque si hace día de playa y el ánimo acompaña, no le haré ni caso, verás... Auferat hora duos eadem, que la misma hora nos lleve a los dos: Es lo más. El amor siempre quita las tristezas, con él nunca hay días de lluvia en los que lloras, o los hay pero las lágrimas son de felicidad...
domingo, 19 de agosto de 2007
las vacaciones y el estrés
Casi todos nosotros asociamos las vacaciones con el descanso y el relax, pero a veces suele ocurrir todo lo contrario y se convierten en una época de mucho estrés; las colas de tráfico, las reservas de hotel que resultaron equivocadas, el tiempo que no acompaña y los niños todo el día con chillidos de !papá o mamá!, son cosas que acaban minándote poco a poco y haciendo que te sientas mal. Sin embargo, este estrés que vivimos durante el periodo vacacional, y que tanto nos afecta, pudiera ser que no surga por contrariedades tan espontáneas e insignificantes como el grito de un niño o una cola a la que hay que esperar, sino que sea un estrés que tenemos larvado y arrastramos desde hace tiempo y que ahora le da por salir. Existen dos tipos de veraneantes: aquellos que se toman unos días para disfrutar y aquellos otros que se los toman para relajarse de sus problemas. Los primeros afrontan las adversidades que les vienen como anécdotas positivas o negativas, sin más, mientras que los segundos, se muestran siempre irritables y explotarán casi por cualquier nimiedad. Tenemos la mala costumbre, creo, de tratar nuestros estados de ansiedad sobre toallas de playa, en barbacoas, o desplazándonos a otros sitios y no de la manera correcta que debería ser tratada, que es yendo a la consulta psicológica de un buen profesional.
jueves, 16 de agosto de 2007
Mensajes en cadena
Todos conocemos más o menos el funcionamiento de Internet, lo útil e inútil que hay en él: una fuente infinita de información a la que puedes acceder si pagas una cuota mensual y si, además, aguantas el encordio de tener que esquivar virus que rompen en dos tu ordenador, soportas propagandas no deseadas que llenan tu correo electrónico y, por supuesto, si evitas caer mientras navegas en las páginas porno que los hacker tienen ya vinculadas a cualquier información, sobre lo que sea, que quieras buscar en Google. Pero lo más de lo más, son estos mensajes en cadena que te envían al correo con apariencia religiosa y salvadora en los que, si no haces lo que te piden, te castigan con lo peor. «Reza la siguiente oración a la virgen de tal, tres veces – dice el escrito, acompañado de una imagen religiosa-, y luego pide un deseo. Al acabar, deberás mandar este correo a diez amigos y en pocos días verás cómo milagrosamente tu deseo se cumplirá. Si no lo haces -continúa diciendo-, una racha de mala suerte o algo malo te podría pasar.»Y digo yo: ¿Algunos religiosos y sus adeptos pirados no se cansan nunca de meternos miedo a los que somos agnósticos? Porque mira que llevamos siglos igual. O eres creyente y haces eco de tu fe, piensan, o te mando a los demonios para que te den mala vida. En fin..., lo de siempre.
jueves, 9 de agosto de 2007
No me despiertes, sueño contigo
Es posible que los más pesimistas tengan razón cuando dicen que una persona que lleva varios años en coma es alguien a quien se le apagó la luz, que carece de raciocinio y de movilidad, o sea, que es un vegetal. Aunque también es posible se equivoquen y su mente no esté desconectada del todo, sino más bien atrapada entre redes oníricas a la espera de que algún estímulo exterior la haga reaccionar. Cuando a esta desgracia le da por venir, suena algo así como: «Señora, si su hijo no cobra la consciencia en los próximas días -dice el médico que le trató después del accidente-, es probable que se quede en coma para siempre.» Y a partir de ahí, comienza una contrarreloj en la que hay que intentar fabricar en un tiempo récord un hilo mágico conductor que llegue hasta él y le ayude a regresar: el perfume de una colonia, la voz de su novia, contar lo ocurrido ayer, todo vale, mientras el tiempo dado no expire y exista una mínima oportunidad. Muy pocos son los que después de un largo tiempo de coma, consiguen volver. Los que lo hacen y recuerdan algo, creen haber tenido sueños abigarrados sin concierto ni armonía, difíciles de interpretar, casi más propios de un estado de psicodelia que onírico. Y entre tanta locura, recuerdan también vagamente haber oído alguna frase o conversación de algún hermano, padre o amigo que hablaron con él. Lo que ayuda a seguir pensando que todo ‘lo familiar’ podría ser la llave que abre ésa puerta fantástica por donde algunos consiguen regresar.
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