Internet forma ya parte de nuestra vida cotidiana y las páginas Webs que consultamos son por lo general de carácter lúdico o bien sobre información de temas de estudio o laboral. Pero desde hace algún tiempo, también hemos empezado a usarlo como instrumento de diagnóstico médico y, cada vez que caemos enfermos de cualquier cosa, acudimos enseguida a la red para intentar averiguar entre páginas que tratan sobre todo tipo de enfermedades cuál de ellas es la que mejor encaja con nuestra sintomatología actual, como si esto fuera tan sencillo. «La mayoría de las patologías cursan con malestar general, por lo que un diagnóstico equivocado es frecuente hasta para nosotros -decía el jefe de medicina interna del H. Gregorio Marañón ayer-, imagínense para gente que es profana en la materia.» Además, las pruebas en sangre, orina y con rayos suelen ser fundamentales para llegar a una conclusión. De todas formas, también hay que decir que la lectura de estas páginas Webs no resulta del todo inútil, pues una vez obtenida la respuesta a nuestra dolencia por parte del facultativo, el contenido que hay en ellas le puede servir al enfermo de ayuda para tener un mejor conocimiento de su problema real.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
sábado, 8 de septiembre de 2007
Lo importante es aparentar
Recientemente, una conocida mía se acaba de comprar una casa y me dice que lo primero que ha hecho ha sido poner las cortinas a todas sus ventanas. Pero me dice con cierta picaresca que no lo ha hecho para intentar preservar su intimidad evitando así que sus vecinos la miren a través ellas, sino porque no tiene un puto duro y cree que tardará meses en amueblar y en poner bonita la casa. Siempre anda la mujer al pille preguntando a sus conocidos a ver a quién le sobra esto o lo otro: un sofá viejo, una nevera, una tele o cualquier cosa que tengan en desuso y que ya no quieran. Y cuando le dan algo, escoge las horas de la noche para meterlas a escondidas en casa como si fueran cosas robadas en una tienda, «porque paso de que estos de arriba, de al lado y de en frente –dice refiriéndose a sus vecinos-, sepan que ando pillada de pelas y me vean que cojo cosas de segunda mano.» Y sabiendo como es, que la gusta presumir cuando va por la calle vistiendo con los últimos modelitos que hay en el mercado fingiendo ser una mujer pudiente, me pregunto cuántos más como ella, con cochazos que apenas pueden pagarse y que sólo sirven para ostentar, se encuentran en la misma situación de aparentar.
martes, 4 de septiembre de 2007
Niños en alquiler
Esta es una de esas cosas que si te la cuentan y no la ves, crees que ha sucedido en La Conchinchina o que es una leyenda urbana, pero alquilar a niños menores de un año de edad para conseguir más fácilmente una limosna se ha convertido en una costumbre para algunas mujeres indigentes, sobre todo de etnia gitana. Unos diez euros, más o menos, eso es lo que le dan a la madre biológica por ese ratito que lo presta. Dinero que reúne la cómplice que lo paga, y que se hace pasar por su madre, en apenas media hora. Pues a ver quien le niega algo suelto a una mujer que pide en la puerta de un supermercado, una iglesia o en la boca del metro con “su hijo” a brazos siempre llorando y con un cartón a sus pies donde dice que tiene al marido enfermo, otros tres hijos hambrientos como el que llora y mil problemas más que son de los que dan mucha pena. Todos los años la policía municipal evita en lo posible este abuso. Y saben que estos críos son utilizados para ‘simpatizar con la limosna’, «pero es muy difícil probarlo- decía ayer un policía en la tele-, ya que los familiares de estos niños lo niegan y siempre alegan cualquier motivo por el cual en ese momento que no estaban con él no pudieron cuidarlo.» Todo un drama.
sábado, 1 de septiembre de 2007
Enamorado de ti, y de tus parecidos
Me he dado cuenta de que hay personas que toda su vida se la pasan eligiendo novios o novias que se parecen muchísimo físicamente entre ellos. Algunos incluso se parecen tanto, que da la impresión de que nacieron todos en el mismo parto. Hay chicas, por ejemplo, que le gustan los chicos con cara angular, morenos e inteligentes y desde que tienen los dieciocho hasta más allá de los cuarenta años los eligen a todos iguales, como si fueran cromos repetidos. «Hola Felipe, hola Elena.», saludas a la pareja cuando te los encuentras. «No, este no es Felipe -te dice ella-, este es Aitor.» «¿Pero este no es tu novio el que vino a arreglarme el ordenador cuando se me rompió?» «No, ése era Mario», te responde y termina matándote. Y te preguntas para qué narices entonces sirven esas miradas insinuantes que los fines de semana echas, si total, no tienes la cara angular o no eres rubio o moreno, como sea que las guste a ellas. A nosotros también nos pasa esto, lógico, pero bastante menos. Por lo tanto, si conoces alguna chica o chico que te quieres ligar y que no te hace ni caso, es posible que no sea porque no le resultes atractivo, sino porque simplemente no te pareces en nada a su "ex". Con el que curiosamente rompió porque ya no le gustaba. ¡Qué cosas!
Cuestión de suerte
La vida es una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar, un día estás bronceándote en la playa riéndote con maldad, que es como mejor se ríe uno, de los defectos que ve de la gente medio desnuda que pasea por allí y dos días más tarde te encuentras llorando por las cuatro esquinas de tu casa porque el médico en un control rutinario te ha dicho que probablemente tienes un cáncer en avanzado estado, como le pasó a mi hermana la semana pasada. Afortunadamente, las pruebas a posteriori han demostrado que es benigno y tratable. Toda una suerte. La que sin duda no ha tenido la pobre cría de diecisiete años, pelona por la quimio, que estaba en la misma planta de hospital que mi hermana y que se paseaba por los pasillos los días que le bajaba la fiebre. Pocos. Al final todo en la vida es cuestión de suerte, de que se alineen las estrellas a tu favor y nada más. Algunas personas, por imperativo, arrastran las desgracias una tras otra como si estarían imantados a ellas. Los antiguos astrólogos griegos, en los funerales de éstos pobres cenizos que en toda su vida sólo pasaron penurias, les encomendaban al cielo diciendo: “Ad astra per aspera”, a las estrellas por el camino difícil. Todo un acierto esa frase que les decían.
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