viernes, 12 de septiembre de 2008

Suerte para todos

Llaman a mi puerta y cuando la abro veo que tras ella espera un hombre de unos cincuenta años de edad, vestido con un traje gris y de un aspecto impecable, que me propone cambiar de compañía de gas natural. En sus explicaciones se muestra bastante torpe, poco convincente y se hace un pequeño jaleo con los papeles que me quiere enseñar. «Este pobre hombre no lleva ni tan siquiera un mes trabajando de comercial», pienso. Le miro mientras habla sin prestarle demasiada atención (ya sé lo que quiere), pero tampoco me muestro irrespetuoso con él, sólo lo hago para poder observarle bien. Enseguida intuyo que es un hombre con carrera, posiblemente sabe hablar un par de idiomas y estoy convencido de que en su anterior empleo trabajó durante años hasta que le despidieron. De seguido salgo de mi letargo y conecto con él. Le doy mis datos y firmo un contrato. Él se queda muy agradecido y yo le pregunto a saco: «¿Un mes?» «Mañana hará veinte días que trabajo en esto», me contesta. «Suerte». «¡Suerte para todos!», me responde con preocupación, acunando su cabeza.
Durante toda la mañana del miércoles estuve escuchando con atención el pleno especial sobre la crisis económica que se ha realizado en el Congreso de los Diputados. En ninguna de las ponencias he apreciado nuevas ideas para salir de la crisis en la que estamos, sólo he oído reproches y refritos de soluciones que ya se dijeron en el pasado. Una vez acabado el pleno, me he sorprendido a mi mismo repitiendo en voz alta la frase que me dijo el agente comercial, antes vete a saber lo que era: «¡Suerte para todos!» Porque de verdad que la necesitamos.
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