lunes, 21 de septiembre de 2009

Emigrar, rebelarse o morir

La directora del Programa Mundial de Alimentos, Josette Sheeran, ha anunciado con preocupación que en el mundo hay ya más de 1.000 millones de personas que pasan hambre. De los 7.000 millones de dólares que esperaban recaudar este año de los países ricos para paliar el problema, tan sólo han recibido un tercio de esa cantidad. En Estados Unidos y en Europa nos estamos escudando demasiado en la crisis para evitar la responsabilidad que tenemos con el tercer mundo. «Un mundo más hambriento es un mundo más peligroso», ha dicho Josette Sheeran, refiriéndose claramente a que la hambruna es un acicate perfecto para que se inicien nuevas guerras. Si hubiéramos entregado al tercer mundo tan sólo el 1% del dinero que le hemos dado a los bancos para que resuelvan su crisis financiera, el hambre ya habría desaparecido del planeta. Pero no, hay prioridades y prioridades y la carestía no parece ser de las más importantes. A los que tengan de vecinos a un subsahariano o a un somalí y todavía se estén preguntando qué hacen aquí, yo les invito a que vivan durante una temporada en una chabola de
brezo comiendo papilla de arroz para ver si así lo terminan de entender.

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