jueves, 12 de mayo de 2016

Mariano Rajoy o el abismo




Llovía. Desde mi ventana observé que la gente corría por la calle de un lado a otro, pero pensé que lo hacían para no mojarse. ¡Que ingenuo! De haber sabido lo que estaba pasando hubiera corrido junto a ellos a esconderme. En un acto de valentía, encendí mi ordenador para leer las noticias. ¡Oh, Dios mío! Mariano Rajoy aparecía en un vídeo que estaba en pause. Excesivamente serio. En toda mi vida sólo recuerdo haber visto una cara igual: la de Arias Navarro cuando dijo: «¡Españoles, Franco, ha muerto!» Me tomé un trankimazín. Mejor ser precavido. Y le di al play. El cámara estaba igual de nervioso que yo. Le enfocaba de frente, de perfil, de frente, de perfil. «Nuestro país se encuentra ante una encrucijada -empezó a decir Rajoy- una alternativa extremista se asoma como disolvente de todo lo bueno que tenemos, nuestra unidad, nuestra democracia constitucional y nuestro progreso económico». Y entonces lo entendí: ¡Malditos partidos emergentes!, pensé enfadado, ahora que le han subido el 0,25% la pensión a mi abuelo, que mi novia ya no me pide un hijo porque han quitado el cheque bebé y que he conseguido un trabajo de nueve horas por 400 euros, habéis venido a fastidiarlo todo.  El coletas y el naranjito han sido, anda que... Y si se queda sin curro Rajoy, ¿dónde va? Si en Pontevedra es persona non grata. Igual que yo. ¿Le dejará Soraya quedarse unos meses en su casa? Mañana le llamo para ofrecerle una habitación. Con todo lo que ha hecho él por España, ¡qué menos!
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