domingo, 28 de enero de 2018

No son entrevistas, son trampas



Me ha disgustado bastante las malas formas con las que el periodista Carlos Alsina entrevistó el pasado miércoles en su programa de radio al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Fue una hora de interrogatorio inquisitoria en la que el locutor le lanzó una retahíla de preguntas capciosas con las que solo intentó buscar la responsabilidad que pudiera tener Rajoy en los problemas que ahora nos preocupan en España. En todos ellos.  La entrevista fue tan molesta, que en ciertos momentos me dio la impresión de que el presidente se encontraba ante un fiscal o ante una Comisión de Investigación del Senado. El señor Alsina quiso templar su timbre de voz para dar la apariencia de que con él no tenía nada personal, mientras le lanzaba una pulla tras otra en busca de titulares con los que subir el share de su programa. Y, una vez concluido, doy por hecho de que ese era su único objetivo, pues ni una sola de las preguntas que le hizo sirvió para que el presidente pudiera lucirse en algo. Tuvo que ser el propio Rajoy, sin ser preguntado, quien sacara a relucir diversas gestiones realizadas por el Gobierno a lo largo de los últimos seis años y de las que se sentía orgulloso. Visto lo visto, es normal que muchos políticos se muestren reticentes a dar entrevistas. Saben que no son entrevistas, son trampas.
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