jueves, 31 de mayo de 2007

Todas hieren, la última mata.

“Vulnerant omnes, ultima necat”, todas hieren, la última mata… Esta cita en latín, que aparecía inscrita en la esfera de muchos relojes antiguos de época, se convirtió durante la segunda mitad del siglo XIX en la expresión cliché más repetida de muchas de las mujeres de la burguesía francesa, cuyas edades rondaban los cuarenta años. Cuando con un tono apático, a veces melancólico, la expresaban se referían al pasar de las horas, una tras otra, y a las consecuencias que esto en sus cuerpos creaba, pues ese pasar del tiempo no solamente las despojaba de su juventud, sino también de su belleza. Y cuando el espejo de mano las avisaba de que en sus caras habían aparecido máculas o imperfecciones difíciles de esconder con los polvos de arroz con los que se solían acicalar, se daban cuenta entonces de que el encanto y la seducción, sus armas amatorias, corrían un serio peligro; a veces, incluso, tanto como su posición social. Entre ellas, las había presuntuosas, trabajadoras, responsables, interesadas y aquellas que usaban las artes simplemente para su propia sustención, por lo que para éstas últimas el ser vieja y pobre venia a ser una misma cosa y el disgusto era sin duda mayor. Se mofaban entre ellas con bromas paganas como la de “cásate con un arqueólogo, porque contra más vieja te hagas, más adorable te encontrará…” Pero entre broma y broma, el reloj seguía en detrimento de sus bellezas haciendo tic-tac, tic-tac, un segundo y otro segundo más… Y de tanto tic-tac, ya ha pasado más de un siglo desde entonces y mi opinión es que las cosas siguen exactamente igual: con los mismos estereotipos de mujeres por la calle, que se castigan continuamente por no ser siempre bellas y que venderían su alma al diablo por ser capaces de darle la vuelta al tiempo, como si fuera un calcetín, para poder ir hacia atrás. “El amor hace que el alma salga del escondite.”, dijo no se quien, pero nunca, que yo sepa, dijo nada de la edad.

lunes, 28 de mayo de 2007

Te doy para que me des

En las parejas no siempre existe un compromiso de fifty-fifty en el amor, pues en muchas ocasiones entre los cónyuges es solamente uno de los dos el que realmente quiere y el otro simplemente se deja querer. Y a veces, incluso, resulta difícil saber quién de los dos es quien, pues de nada sirve fijarse en el que es más detallista o en el que es más cariñoso, ya que tras estos comportamientos tan almibarados a veces se solapan remordimientos por infidelidades cometidas o por culpas sobre vete tú a saber qué. Por lo que, y hasta que no podamos en un futuro descubrir un instrumento con el que poder cuantificar el cariño, no nos queda otro remedio que usar para tal fin nuestra propia intuición. “Do ut des”, que decían los comerciantes romanos: te doy para que me des; así comienzas actuando al principio de cada relación y, poco o mucho tiempo después, pierdes de tal manera el norte, que ya no sabes realmente ni cómo ni cuando comenzaste de nuevo a ceder. “Do ut des -te repites- do ut des”, pero no, sigues y sigues de igual forma e inexcusablemente a caer, convirtiéndote en el sempiterno amante ágape, aquél que incondicionalmente sólo mira cómo poder satisfacer al ser amado, sin mirar nunca hacia su propio interés…En cuanto al amor que se les da a los niños, eso ya es otra historia. Los niños siempre fueron otra historia y nos ganaron la batalla nada más nacer, qué le vamos a hacer; pues no vamos a pararnos a hablar ahora de lo obvio que resulta ver cómo es infinitamente mayor el amor que toda madre o padre siente por sus hijos en comparación con lo que resultaría al revés. Pero para el resto: esposo/a, familia y amigos, siempre se debería usar la misma regla: Do ut des: te doy para que me des.

domingo, 27 de mayo de 2007

Aristotiquia y Cacotiquia

Hay mucha gente que cree que en ocasiones las estrellas se alinean en el firmamento de tal manera que la nueva posición estelar que adoptan influye de manera positiva o negativa sobre su propia suerte. De hecho, antiguamente los griegos a lo que llamamos ahora buena o mala racha de fortuna, lo llamaban “aristotiquia” y “cacotiquia”. Aristotiquia significa la mejor suerte posible, o la suerte de los mejores, y cacotiquia, que es la hermana fea de la palabra anterior, significa justo todo lo contrario. A veces, y sin saber por qué, los sucesos que provocan nuestras alegrías y desgracias vienen todos juntos, como si viniera encadenados o imantados, trayendo tanto todo lo positivo como lo negativo hacia nuestras vidas de golpe y a la vez. Todo comienza de una forma muy casual: un buen día, de repente, te toca la lotería, al de poco encuentras a la mujer de tu vida y, poco tiempo después, un familiar que tenías enfermo se restablece completamente de su salud. A esta espiral de sucesos positivos, los griegos lo llamaban ciclo aristótico. O bien te puede suceder todo lo contrario: un mal día, de repente, pierdes una cantidad desorbitada de dinero en la bolsa, tu jefe te despide poco después y la tensión que crea esta situación con tu mujer en tu casa es tal, que hace que os separéis al de pocos meses. Ciclo cacótico este último, sin duda. Los astrólogos griegos pensaban que para que se desencadenara un ciclo u otro tenía que existir obligatoriamente un estímulo exterior, y se pasaron décadas observando la posición y el movimiento de los astros porque estaba claro –según decían- de que de ellos dependía completamente nuestro destino. Y aunque todavía hay mucha gente que atribuye a la disposición de los astros su buena o mala suerte, yo creo que ya, a estas alturas de la vida, cada vez somos más los que opinamos al respecto de la misma manera que lo hizo Casio (el de William Shakespere) cuando dijo: “La culpa, querido Bruto, no reside en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos.”

viernes, 25 de mayo de 2007

¿Y ahora, qué!

Dice Patricia que ya no tiene madre y dice también que ya no tiene padre, pues los que tuvo hasta hace tan sólo un par de meses han decidido separarse y le han dicho que ella fue una niña que cogieron en adopción. Y ahora se encuentra buscando a sus verdaderos padres haciendo preguntas sobre ellos por doquier sobre “quién sabe qué y sobre el cómo pasó”, mientras huye a su vez de jarrones, vasos, tazas y todo aquello que vuela por su casa con aire ofensivo pues no vaya a ser que sea ella y no otro quien se lleve el hostión. Se levanta y se marcha de casa a las seis, y no a las ocho como lo hacía antes, y regresa de nuevo a las once, y no a las diez, porque así se ha dado cuenta de que tiene más tiempo para desaparecer. Y justo antes de entrar en casa arrima bien arrimada su oreja a la puerta de la entrada por si acaso ex papá y mamá andan a gritos o haciéndose puntería de nuevo entre ellos lanzándose el uno al otro cacharros de cocina a la cara o vete tú a saber. Luego –y sólo si hay tregua- abre la puerta y se dirige a todo correr a su cuarto, se pone el pijama y se mete en la cama. Enseguida se da cuenta de que su ex mamá se ha dado cuenta de que ella le ha robado su foto de boda, donde sale abrazada con el que es todavía su marido, y que duerme todos los días con ella poniéndola bajo la almohada, pues recuerda que ayer no la encontraba por ningún sitio y hoy está limpia y reluciente justo encima de su mesita. “Por mí como si me la quiere quitar – piensa rabiosa-, puf, ya ves…” Pero a pesar de que se ha metido en la cama a las once, el raca-raca de su cabeza no le ha dejado dormirse hasta las tres. Patricia se siente confundida, y le gustaría escaparse de casa e irse a vivir a cualquier otro sitio, donde sea, no sé, y se pregunta qué diría Brad Pit si se presentara en la mansión que tiene en los Ángeles y le pediría casarse con ella, pues lleva besando una foto suya que tiene pegada en la carpeta de clase desde que tenía catorce años y ahora tiene dieciséis ¡y si eso no es querer...! Pero enseguida se siente tonta por tener una idea tan pueril y se dice: “venga, vá, céntrate.”…Hace un par de semanas sonó mi teléfono y era ella, y me dijo que quería alquilarme uno de los cuartos que tengo en una casa de alquiler, “porque es que me pasa esto y lo otro –dijo-, y puf, tío, ya ves…”, y me comentó también que ya tenía los doscientos euros para pagar lo de este mes y que lo del mes que viene dios dirá. Yo le recordé que tan sólo tenía dieciséis años de edad y que venirse a vivir a mi casa en esas circunstancias sería del todo ilegal. Que lo sentía. “¡Ah -dice-, ah...!” Pregunta en asuntos sociales de Erandio, la respondo más tarde, porque es allí donde se encargan de los temas de adopción e igual encuentras a alguien que te ayude a buscar a tus verdaderos padres. “¡Ah – dice- ah…Gracias, eh! Cuando colgué el teléfono, anoté su número para seguramente llamarla en un futuro y me quedé pensando en ella, en su historia, en su trémulo timbre de voz cuando me la contó, e intenté vaticinar en silencio como si fuera una gitana de feria cuál iba a ser su porvenir. Y la imaginé yendo y viniendo de y hacia todos lados mientras preguntaba sobre la vida de sus padres intentando averiguar “quién sabe qué y el cómo pasó”, y así un día tras otro hasta que seguramente dentro de un par de meses lo deje de hacer porque no ha conseguido apenas nada de información. Y en el futuro, yo no sé si los cacharros de su casa dejarán o no de volar y de estrellarse contra las paredes alguna vez, pero lo que si sé, es que le han jodido la vida a una pobre chiquilla adolescente que se preguntará llorando durante mucho tiempo así misma: ¿y ahora, qué!
“Cuando no puedas más, haz un ultimo intento y espera que el viento sople a favor...” Canción de Bumburi.

Quod me nutrit, me destruit.

“Aquello que me hace vivir, también me destruye.”
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Supongo que es difícil, por no decir imposible, vivir sin ilusión, esperanza, amor o no anhelar todas aquellas cosas que uno más desea. Pero estos sentimientos positivos que te hacen sentirte vivo y ser feliz, han de ser alimentados día a día con pequeños incentivos o triunfos para que se mantengan vivos en tu interior. Cuando uno ve que va pasando el tiempo, un día, un mes, un año, dos y uno se da cuenta de que no ha conseguido todo lo aquello que se propuso en el pasado y que le ayudó a vivir con ilusión, entonces, le sobreviene después un sentimiento de decepción que se convierte en un lastre difícil de sobrellevar. Hace un tiempo leí un libro de consejos que se titula “I Ching” (el libro de las mutaciones) donde aparece escrita en el de manera muy recurrente una frase que dice: “La perseverancia trae ventura/La perseverancia trae desventura.” Lo que viene a decir que si has puesto todo tu empeño en conseguir algo y no lo has conseguido, capitula y déjalo estar, pues si actúas con obsesión descontrolada para conseguirlo te llevará a la destrucción. “Quod me nutrit, me destruit.” Esta retro-alimentación destructiva la vemos incluso reflejada en el día a día de la propia naturaleza: existe una palabra en el español, “Entelequia”, la cual tiene varias acepciones, pero la que más me gusta es la que dice que entelequia es aquello que tiene como algo intrínseco el proceso de su creación y de la autodestrucción. Por ejemplo, una entelequia fácil de entender sería una corriente marina: por el efecto de la corriente marina se forman las olas del mar y por el mismo efecto se destruyen cuando por su empuje las arrastra hasta las costas de tierra. Y así, “velis nolis”, quieras o no quieras, sucede con casi todo aquello que tiene visos de ser un sí y que luchas desaforadamente por conseguirlo pero que al final ha acabado siendo un no. Resumiendo: “Muéstrame un hombre que controle sus sentimientos y yo te enseñaré a un hombre feliz.” (Anónimo).

La máquina del tiempo

Parece mentira como a pesar de la bronca que lleves en la cabeza por los dimes y diretes que hayas tenido con tu padre, novia, amigo o con el perro del vecino que te ha meado las ruedas de tu coche y que te huele ahora todo a pis, existan lugares donde según entras te lobotomizan el cerebro de tal forma que en media hora ya no te acuerdas ni de quien eres ni de si eres o no feliz en esta vida que te ha tocado vivir y que dios te ha dado, pues me refiero a esos grandes almacenes como son por ejemplo los de Carrefour o los del Corte Ingles, donde entras por la puerta a las nueve de la mañana con tan sólo la única intención de comprarte una camisa de rallas finas de caballero y acabas comprando dos azules, una amarilla, más un pantalón y unos zapatos a juego, y de paso, de la sección de informática, te has cogido también un disco duro para tu ordenador y un Dvd. Y de la que sacas la cartera del bolsillo de atrás para pagar, notas que te molesta el reloj que llevas puesto en la muñeca y te da por mirarlo y dices: “¡hostias, las tres!” Y cuando te diriges a la puerta donde pone: “Exit.”, te vas y lo haces con pena, claro, porque todos los dependientes de las secciones por las que pasas te miran con cara de querer ser tus amiguitos durante por lo menos un ratito más. Y mi pregunta es: ¿realmente los economatos nos ayudarán a llegar hasta final de mes o tan sólo nos quitan las penas durante unas horas que salen carísimas?... Pues que conteste otro, porque yo realmente no lo sé.

El bosque infeliz. (Fábula)

...Una brisa me dijo un día que al oeste, de donde venía, los bosques estaban tristes porque alguien les había robado sus sueños y ya no sabían vivir sin ilusión. Entonces, partí deprisa, tan deprisa como puede hacia el lugar, y me encontré en ellos a unos niños jugando y riendo, saltando y gritando de felicidad."¿Habrá sido una broma? –pensé-, ¿cómo puede haber tristeza en un sitio donde alberga la chanza?..." Pero otro día fue un pájaro espino quien me avisó de que los bosques habían perdido toda ilusión por vivir. "Yo he estado en ellos y no me ha parecido ver tal cosa –espeté, más bien lo contrario- "¿Por qué dices eso –me preguntó, porque viste en ellos a unos niños riendo y jugando, saltando y gritando de felicidad. Acaso ver felicidad ajena no hace más triste al infeliz?” “Es posible –advertí-, pero los sueños, sueños son: intangibles, incorpóreos. Dime, ¿de qué forma se pueden robar?” Y el pájaro espino me contestó: “Mostrando a quien sueña todo aquello que no podrá hacer jamás.”

¡Zás!, ahora ya no estás.

Más allá de la explicación que se dé en los diccionarios sobre el significado de cada palabra, cada persona tiene su culturita y su manera de interpretarla, y en muchas ocasiones se suele encontrar dentro de nuestra imaginación una definición mucho más acertada para ellas de la que nos proporciona la fuente oficial. Para mí, la palabra “empatía”, por ejemplo -y escribo sin consultar-, significa sentir lo que otros sienten mientras te olvidas por arte de birlibirloque de quién eres y te conviertes en los demás, apenándote con sus cuitas o alegrándote con su felicidad. Esta especie de encantamiento que parece creado por un pequeño duende, te puede durar a veces un ratito y otras veces, un ratito más. En ocasiones te ocurre cuando vas por la calle y te tropiezas con un amigo que te habla de sus cosas, de sus problemas o de sus alegrías y, entonces, el pequeño duende aparece por tu detrás, te echa unos polvitos mágicos y te dice: “¡Zás!, ahora ya no estás.”, y comienzas a sentirte bien o a sentirte mal, exactamente como se encuentra tu amigo, pues ya no eres tú, eres otro porque ya no estás. Y nadie sabe a ciencia cierta en cuanto tiempo de este hechizo te puedes despertar. Hay ocasiones en las cuales este duende te coge metido en un cine, con las luces apagadas y con un cubo de palomitas y un refresco sobre tu regazo. Entonces -y de nuevo-, “¡zás!, ahora ya no estás.”, y te conviertes en el protagonista de la película que estás viendo por la gran pantalla, y comienzas a tener miedo o te pones a reír o no paras de llorar… Supongo que los más sosos dirán que este sentimiento tan maravilloso forma parte de la condición del ser humano, sin más; pero, por favor, que nadie me quite mi historia porque seguro que lo hacen llenos de rabia por algún encantamiento al que están sometidos y que no les deja ver la realidad.

Primavera eterna

PRIMAVERA ETERNA


Cuando llega la noche,
me sueño entre sueños melifluos y disfruto con ello, y olvido mi senectud,
mis trémulas manos y la falta de María… mi María.

Cuando llega la noche,
mi onírico me desatavía de mi ropaje octogenario y
me cubre con telas lozanas que van a juego con mi yo pueril,
y, entonces, retozo en praderas floridas y
subo y bajo por escarpados adversos, pues entonces soy yo.

Cuado llega la noche,
se presenta de madera y yo de carpintero
y con la imaginación cincelo utopías que anhelo,
fusiono pasado y presente y dejo a la vida sin dueño…
observo al acabar en lontananza mi obra y grito al aire: ¡querer es poder!

Cuando llega la noche,
vivifico y cosifico, cualifico e idealizo y
siempre es abril: el mes de la lluvia y el viento,
el de las flores, que siguen creciendo,
y el mes en el que me gustaría partir.

sábado, 19 de mayo de 2007

Abril

Abril

Se vistió la nieve de bellos carmines,
-¿Me quieres?, me dijo.
-Te quiero, le dije.
Me besó la boca con un beso inmenso,
Abril vino al mundo y yo quedé muerto.

J. R. Jiménez


Este es uno de mis poemas preferidos de J. R. Jiménez y habla en él de ósmosis y de amor. Lo voy a intentar explicar:
…ha comenzado la primavera y las praderas todavía se encuentran cubiertas por una pátina de nívea nieve que dejaron las postrimeras invernales. Las amapolas, que comenzaron a horadar la nieve en el mes de febrero, ya en el mes de marzo son tan altas y hermosas que embelesan a lo que aún queda de invierno con sus olores y colores frescos y rojizos. El invierno entonces se enamora de la primavera y de sus frutos y flores, y, de igual forma, la primavera de la pureza invernal, formando así un idílico paisaje primaveroinvernal. Pero el invierno se da cuenta enseguida de que para que la primavera siga viva, inexorablemente él ha de morir. Aunque no lo hace sin comprobar antes su amor:“¿me quieres? me dijo, “te quiero”, le dije. Y cuando llegan los primeros días de abril, el invierno entiende que no puede dilatar por más tiempo su vida sin poner en peligro la vida de la primavera, y se despide de ella con pasión: /Me besó la boca con un beso inmenso, abril vino al mundo y yo quedé muerto./

Pili

        685594400
       

Pequeñas cosas que atan

Qué efecto tan agradable, o qué daño tan insostenible, se obtiene cuando se huelen las ropas pregnadas por el olor de sus dueños, dueños que ya no están en tu vida desde hace tiempo, años incluso, debido a una separación o una muerte o a saber… De repente abres la puerta del armario ropero y ahí está, su suéter preferido, sus guantes de lana o aquel abrigo viejo que tanto cariño lo tenía y que se puso casi hasta el mismo día en que desapareció. Hay mucha gente que vive junto a olores reminiscentes que le transportan a pequeños flases del pasado y que se encuentran encadenados a veces a conversaciones también: "Papá ¿porque no tiras ese abrigo que ya esta casi roído?" "Porque me gusta, hija, porque me gusta". Y ahí está, colgado en tu casa cinco años después de su muerte porque si lo tiras te sientes culpable de no quererle como él se merecía y eso si que no…, eso si que no. O las prendas de tu mujer, la que se fue con otro y te dejo plantado con todas tus cosas y con parte de las suyas, adrede esto último, sin duda, para que recuerdes el pasado que viviste con ella con olor a champan a shery o la colonia que usara a diario para tu seducción.
Qué efecto tan agradable, o que daño tan insostenible, produce el hecho de abrir el pasado cuando esta sin cicatrizar, usando como llave los olores de la gente que tanto y tanto nos importo.
"Carpe noctem somnum", aprovecha la noche para soñar.

Un día más, supongo.

37, borracho, sin dinero y despreciado por todos, así se encuentra David, un indigente de aspecto sucio que recorre errático las calles de Bilbao. Por las mañanas reparte el "Qué Fácil" en la boca del metro de Indautxu y con lo que saca del reparto, más las ganancias de los diez –en el mejor día, quince- paquetes de pañuelos que vende a los conductores en los semáforos, ya le da para vivir; para vivir y beber, porque es lo que es: un borracho sin pretensiones y a mucha honra. Una vez coincidimos en el Hotel Indautxu, lugar donde yo trabajaba, y donde él se encontraba bebiendo, y me dijo casi sin venir a cuento: "Pues sí, ya ves, soy como dios me ha hecho. Y no, no podemos escapar de lo que somos, no." Y se levantó, terminó su vino de un trago y se fue a tomar por culo con un paso etílico que le hacía dibujar mientras se alejaba curiosas filigranas bajo sus pies. "Pobre –me dijo Larry, mi encargado, cuando le vio marchar-, este tío cogió el coche un día para irse de vacaciones con su mujer y su hija y al regreso las trajo metidas en cajas funerarias…El accidente no fue culpa de él, creo, o sí…, bueno, no lo sé muy bien, pero lo que sí sé muy bien es que las cajas eran dos y las dos eran suyas." Y desde entonces, y cada vez que me encuentro con una persona disoluta, me preguntó qué desgraciada historia le ocurriría en el pasado y que pudo con él. Ni juzgo ni valoro, sólo me entra esa extraña curiosidad.
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(publicado pag. 9)

MENSAJES PARA EL AUTOR


Más allá hay dragones...

Antiguamente, cuando los descubridores llegaban a los límites del mundo, decían: "Más allá hay dragones…" pavorosos entonces por lo desconocido y por este sentimiento de miedo ancestral, izaban las velas de los palos trinquete, mayor y mesana y prestos viraban sus naves poniendo proa hacia lugares más seguros. Este extraño sentimiento de miedo sobre el más allá, caló siempre entre generación y generación hasta llegar hasta nuestros días…Cuando Felisa Aragáis, mi compañera de trabajo, me dijo que en un control rutinario de salud le habían detectado los médicos un cáncer terminal, lo hizo sin llorar; seria y triste pero sin llorar, y sabiendo que para ella comenzaba un viaje hacia los confines del mundo, hacia el más allá. Yo me quedé absorto al escuchar cómo una niña de veintitrés años con carita de melocotón y con graciosos bucles de pelo rubio que le llegaban hasta los hombros me seguía diciendo que le habían dado de vida seis meses y que no creían que mucho más. Durante los días siguientes a la noticia, la note que se encontraba como ausente, introspectiva y que te miraba sin mirar, como se le mira a una tele apagada, a una ventana que no da a la calle o cualquier cosa anodina, sin más. Y yo en lo único que pensaba era en comprarle unos zapatitos rojos, como los que tenía Dorothy en el país del mago de Oz, para que se los pusiera, diera tres taconazos con ellos y se pudiera así despertar de su mal sueño, pues no podía soportar que una chica tan joven y sensible como lo era ella se fuera sola y con miedo a luchar contra dragones al más allá... Pasaron entonces semanas de siete lunes para ella, supongo, mientras poco a poco lo aceptaba y navegaba a su vez hacia su destino con mar de popa, ese mar fuerte y picado que enviste la nave por detrás, bloquea el viraje del timón y no te deja cambiar de rumbo jamás. Jamás. Y mientras a ratos se reía y a ratos no y a ratos te miraba sin mirar, las crueles matemáticas seguían con sus cuentas: un día más otro día igual a dos días vividos, y más otro y más otro y más otro más, dieron como resultado cuatro meses. Para entonces Felisa ya no podía salir de casa y se encontraba siempre metida en ella con el arropo de su familia.Un tarde me armé de valor y la fui a ver –la última vez que la vi- y se encontraba tumbada en el sofá rodeada de películas de video que iban todas ellas de amor. La di un beso en la mejilla y la dije: "Toma, te he comprado estos bombones porque son los que a mí me gustan, ¿los abrimos?" Y se rió. Después vinos una peli de no se qué y al de poco la noté cansada y decidí dejarla descansar. En la puerta le dije que se cuidara mucho y que volvería a visitarla muy pronto. Pero ella supongo que tenía otros planes, me abrazó y me dijo: "Jon, quiero que sepas que os llevo a todos conmigo." Y se murió unos veinte días después.
Han pasado ya quince años desde que ocurrió esta historia y, desde entonces, he tenido que ver cómo partían para luchar contra los dragones a mis abuelos, mi padre, varios de sus hermanos y muchos conocidos y amigos más…A veces me pregunto quien ganará esta batalla, pero sobre todo lo que me pregunto es cuando acabará, pues me corre prisa saber el momento en el que todos ellos por fin volverán. Les echo tanto de menos…


http://i47.tinypic.com/4l29gl.jpg
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Publicaciones:
Con auténtico sabor a libros
Doctor Google (pag.6)
Huérfanos de Cela y Umbral (pag.10)
cuestión de suerte pag 10
Una carrera por imposicón (El pesado legado) pag. 6
http://www.readmetro.com/show/es/Bilbao/20070718/1/6/
Harto de ser chico diez (David fluxa= Jon García) pag. 9
Si quieres ligar, cómprate un perro (pag.10)
Los fantasmas de hoy en día (pag.8)
Todas hieren la última mata (pag. 11)
El escondite de mi papá (10)
Flirteo laboral (pag. 10)
Un día más, supongo (pag. 9)
Por la noche es mejor no pensar (pag. 6)
¿Un amigo más? (pag.12)
Publicaciones sin hemeroteca disponibles:
-Harám, diario20 minutos 15, junio, 07
-Aristotiquia y Cacotiquia 29,mayo, 07 diario ADN.
-Nos puede la sugestión (pag. 9)

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