Qué suerte tenemos: por apenas un euro, lo que nos cuesta tomarnos un café, podemos volverle loco al camarero que nos dé la gana contándole todos nuestros problemas y liberarnos así un poco de ellos para evitar caer con estrés o de padecer futuros infartos. Que te enfadas con tu mujer, con tu hija la que saca “insufis” en clase o con el vecino que se te esconde porque te hizo una humedad y no tiene seguro, pues nada, te desahogas con el primer camarero que veas y punto, si total, para eso están, ¿verdad? Para qué vamos a gastar, digo yo, doscientos euros en una consulta con un psicólogo si con tan solo gastar un euro por una menta poleo en un Bar te escuchan igual. Dice mi hermano David, que es camarero, que está hasta el culo pirulo de tener que dar consejo a las recién separadas que le lloran desde detrás de la barra, y también de dárselo a los sin trabajo, a los sin techo, a los sin papeles y a todos aquellos que mientras les sirve alguna consumición le preguntan: “Oye, ¿y tú que harías en mi lugar si…?” Frase que nada más oírla le hace temblar. Reivindico, por lo tanto, desde este artículo una subida de sueldo para todos los camareros en concepto de “Terapias cognitivo conductuales”, que es lo que realmente hacen con sus clientes, y no servirles tan sólo consumiciones como mucha gente cree.
lunes, 19 de noviembre de 2007
martes, 13 de noviembre de 2007
Libros y televisión, ¿para quién se hacen?
En el pasado se realizaron muchos debates entre escritores famosos para intentar esclarecer si existía un tipo de literatura destinada al género masculino y otra al género femenino o si ambas formaban parte del mismo estilo. Novelistas como Terensi Moix tenían claro que los libros escritos en clave visceral, cuyos contenidos eran poéticos o de amor, pertenecían a la literatura femenina, mientras que los de aventuras o misterio estaban escritos para el lector masculino. Otros como Francisco Umbral solían decir, con cierta rabia, que sólo existía un tipo de literatura “y lo demás son monsergas.” Al final todo quedó en duda razonable, a juzgarlo por el lector. Pero ahora volvemos a tener el mismo problema de ambigüedad con otro medio de comunicación: la televisión. La excesiva proliferación en este medio de telenovelas, programas de cotilleo o de moda que buscan siempre la máxima audiencia femenina, en comparación con los escasos programas de deportes o de películas que se transmiten para el gusto masculino, inclina siempre la balanza a favor de ellas. Las estadísticas dicen que la mujer lee más que el hombre y que es más asidua a ver televisión. Por lo que parece claro que, tanto en los libros como en la televisión, el género femenino ha sido creado seguramente para responder con la demanda de la mujer, su máximo consumidor.
Inshallah (si Dios quiere)
Si Dios quiere me curo y vuelvo a ser feliz, inshallah. O se hace la paz en el mundo y se acaban las guerras. O se convierte todo en un infierno como en Irak, inshallah. O no ocurren milagros nunca o vienen tres de golpe, Alla uk akbar (dios es grande). O me castiga por blasfemo y apóstata, por cometer harám (pecado). Si dios quiere le doy mi alma y mi sangre, berruaj, beddam, para vencer al infiel invasor, como dicen los terroristas islámicos, porque dios es grande, Alla uk akbar. Y no hay más Dios que Dios y Mahoma es su profeta, “La ila illa Allah, Wa Mohammad, rasula Allah”, y repiten esta frase mientras tiran del cordón que les inmola jodiendo a los demás… Si Dios quiere podré darme cuenta de que le utilizan, inshallah, para matar en su nombre, para inventar religiones, para aprovecharse de la mendicidad, porque dios es grande, Alla uk akbar, y porque aunque no crea en él, si que creo en la fe que algunas buenas personas le profesan, y que por eso actúan ofreciendo su cariño y su generosidad. Wa aleikum al Salaam (que contigo sea).
miércoles, 7 de noviembre de 2007
La felicidad existe
En cierta ocasión, navegando por Internet, me topé con el Diario de una mujer en el que tenía escrita una pregunta: “¿Quieres saber cuál es el sentido de la vida?” Y cuando pinché en el link para saber la respuesta, me llevó a un álbum de fotos con miembros de su familia: Padres hermanos, marido, hijos, sobrinos. “Vaya- pensé sorprendido-, los filósofos llevan años intentando encontrar sin éxito una respuesta para esta pregunta y va esta mujer y la descubre en tan un sólo momento y sin salir de casa. A lo mejor –me dije- algún día puede igualmente hallar el secreto de la felicidad.” Y hace una semana visité de nuevo su Diario y, para mi sorpresa, en él se decía: “La felicidad existe.” Al pinchar en la respuesta, aparecieron varias fotos de aborígenes de un pueblo africano aún sin civilizar. Desconocían el lujo, su dios era un Tótem, comían papilla blanca, se tapaban con ramas y no necesitaban más. Todos reían con candidez. La felicidad existe, decía el entrecomillado, dos puntos, es la ignorancia… Me encantó su reflexión.
viernes, 2 de noviembre de 2007
Consumismo Navideño
Legará un día, y si no al tiempo, en el que no querremos desmontar nunca el árbol navideño ni tampoco dejar de escuchar villancicos porque pensaremos que durante todo el año es Navidad. Y todo gracias al consumismo comercial. Desde finales del verano, ya empiezan a decirte que tienes a la venta la lotería para esas fechas, que puedes encontrar los turrones en oferta en los Súpers, que el coleccionable del Belén ya está en los quioscos y que tengas cuidado de no despistarte porque andan justos de San Josés, y todo al ritmo villanciquero de “arre burro arre, que mañana es tarde.”, pues ya tienen el paseo de la castellana de Madrid adornado con motivos navideños de lado a lado. Lo siguiente me temo que va ser esa exclamación que nos saldrá a todos de dentro cuando veamos “pasado mañana” el precio de las angulas en la pescadería del barrio. Todo muy rápido, vamos. Antiguamente estos meses de pretemporada servían para discutir con la familia y decirle a la cara a tu hermano o tu cuñado: “Pues mira, chico, como te has vuelto un raro, estas navidades no las paso contigo.” Y luego él te mostraba el dedo grande y te decía: “¡pues tú mismo, gilipollas!” Pero ahora estos señores vendedores no te dan tiempo ni para eso. En fin, que me tienen tan confundido, que es a lo que voy, que casi me entran ganas de despedir este artículo deseando a todos ¡Feliz Navidad!
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