miércoles, 12 de abril de 2017

Cacería de cristianos



Hay que tener mala sangre para perpetrar dos atentados terroristas contra dos iglesias que se encuentran llenas de feligreses festejando el Domingo de Ramos. El pecado se resume con cifras: 45 personas murieron en dichos ataques y otras 140 resultaron heridas. Y tiene fecha y lugar: ocurrió el pasado domingo en dos iglesias coptas del Cairo. El Estado Islámico (IS) ya ha reivindicado la autoría de ambos ataques. Si Dios quiere, «Insha'Allah», quizá logremos encontrar algún día el mandamiento de la Sharía que aconseja a estos insensatos a obrar de esa manera tan cruel y sangrienta con la que actúan. Aunque lo dudo. Siempre he creído que el mayor enemigo de los extremistas es la voz subversiva que les habla dentro de su cabeza. Una voz que les llena el cerebro de odio y serrín. En el fondo, solo les falta el diagnóstico que certifique la esquizofrenia que sufren. Por mucho que las autoridades intenten convencerme de que el terrorismo islámico es la consecuencia de las incursiones bélicas de Occidente en el Medio Oriente, no me lo creo. Esto es lo que siempre fue: una guerra santa contra el infiel.
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